PARTE #1
Dentro de este articulo encontraras como si sobrevivir a un apocalipsis zombie, donde esconderte, objetos utiles, etc…

DEL SUPERVIVIENTE
CÓMO SOBREVIVIR A UN APOCALIPSIS ZOMBIE SIN PERDER LA CABEZA (LITERALMENTE)
Dicen que más vale prevenir que lamentar, y pocas veces esa frase pesa tanto como cuando el vecino del quinto empieza a caminar raro y a mirar tu cuello con hambre. Esta guía reúne lo esencial: qué llevar, dónde esconderte y qué reglas no debes romper jamás. No prometemos que sobrevivas, pero sí que lo harás con más estilo.
Objetos que no pueden faltar en tu mochila
Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente — y en este caso, la corriente tiene dientes. Antes de que las cosas se pongan feas, arma tu mochila con lo básico. Nada de improvisar a última hora.
Radio de manivela
Sin pilas, sin excusas. Gira la manivela y entérate si el problema es solo tu barrio o el planeta entero.
Agua y pastillas potabilizadoras
El agua embotellada se acaba rápido. Con estas pastillas, hasta el charco más sospechoso se vuelve una opción.
El arma de toda la abuela
Un sartén de hierro fundido, un bate o una sartén con historia. Contundente, silencioso y reutilizable para la cena.
Botiquín básico
Vendas, alcohol y algo de suerte. Más vale un rasguño bien curado que una infección con mala fama.
Mapa y brújula
Sin señal no hay mapas digitales. El papel nunca se queda sin batería, y tampoco delata tu ubicación.
Comida enlatada y abrelatas
De nada sirve la lata más nutritiva del mundo si no puedes abrirla. Este pequeño objeto vale su peso en oro.
Dónde esconderte (y dónde jamás deberías)
No todo lugar que parece seguro lo es. La diferencia entre un buen escondite y una trampa mortal suele ser una sola puerta de más.
BUENOS ESCONDITES
- Azoteas con una sola entrada, fáciles de vigilar y difíciles de escalar.
- Ferreterías: herramientas, tablas y clavos para atrancar cualquier puerta.
- Gimnasios con provisiones propias y buenas vías de escape.
- Casas con patio trasero y más de una salida discreta.
NI SE TE OCURRA
- Centros comerciales: demasiado cristal, demasiada gente asustada.
- Cines: oscuridad total y una sola salida no es buena combinación.
- Primeros pisos con ventanas grandes a la calle.
- Cualquier lugar donde ya haya “demasiado silencio”.
Las reglas de oro, en orden de importancia
No es una sugerencia, es un orden de prioridades. Sáltate una y la siguiente no te va a servir de mucho.
El cardio es tu mejor amigo
Quien no corre, vuela — y aquí no hay quien vuele. Empieza a trotar antes de que sea el único ejercicio que te quede por hacer.
Asegúrate dos veces
Roma no se hizo en un día, pero un error sí puede terminar el tuyo. Confirma siempre antes de bajar la guardia.
Viaja ligero
Lo que no usas en tres días, probablemente te sobra. Una mochila liviana corre más rápido que una llena de recuerdos.
Desconfía del extraño demasiado simpático
No todo lo que brilla es oro, y no todo el que sonríe de más viene con buenas intenciones. Más vale solo que mal acompañado.
Evita lo obvio
Si a ti se te ocurrió esconderte ahí, a alguien más también. Piensa distinto, camina distinto, sobrevive distinto.
La sección de historias (más ficción que crónica)
Todo boletín serio necesita una historia junto a la chimenea. Esta no está confirmada, pero tampoco está del todo desmentida.
Roberto, la freidora de aire y la noche que salvó el edificio
Roberto vivía en el tercer piso y jamás había ganado ni una carrera escolar. Cuando la alarma sonó y el vecino del 4B empezó a caminar como si hubiera olvidado cómo funcionan las rodillas, Roberto hizo lo único que se le ocurrió: agarró su freidora de aire, todavía tibia, y salió al pasillo gritando que la cena estaba lista.
El vecino, atraído por el aroma a papas fritas, se acercó lo suficiente como para recibir un golpe directo con el electrodoméstico más querido del edificio. Roberto no solo ganó tiempo para que todos escaparan por la azotea, también demostró que más vale maña que fuerza, y que ningún zombie se resiste a un buen crocante.
— Relato recogido para este boletín. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (y bastante sospechoso).